Kim Petras lleva años siendo una de las artistas más interesantes del pop y una de las más infrautilizadas al mismo tiempo. No porque le faltara talento, sino porque tenía encima un sello que le bloqueaba el camino. Detour, su tercer álbum de estudio, es el resultado de haberse quitado eso de encima.
El disco ha llegado este 29 de mayo a través de su propio sello, BunHead Records, después de meses de tensión con Republic Records. La situación llegó al punto de que la cantante alemana tuvo que denunciar públicamente que el sello llevaba meses bloqueando el lanzamiento del álbum pese a estar terminado, incluyendo el videoclip de Need for Speed, financiado por ella misma y retenido durante más de dos meses. Al final pidió formalmente su salida y publicó el disco por su cuenta. Eso dice mucho de lo que hay dentro.
De dónde viene y por qué importa
Para entender Detour hay que entender lo que vino antes. Kim Petras empezó con una racha de singles que la ponían en el mapa del pop con personalidad propia: Heart to Break, I Don’t Want It At All, el proyecto de Halloween Turn Off the Light y el álbum Clarity. Todo apuntaba a una dirección muy interesante.
Luego llegaron Slut Pop, Feed the Beast y Problématique. Discos que sonaban a lo que un sello quiere que suenes, no a lo que tú eres. El contraste con sus inicios era tan evidente que costaba entender cómo la misma artista podía firmar eso.
Detour es la respuesta a todo ese período. Kim Petras vuelve a sus raíces en el hyperpop, al bloghouse, a los sonidos de club de principios de los 2000, y lo hace como ella quiere.

El desvío que lo cambia todo por parte de Kim Petras
Treinta y seis minutos y trece canciones. No sobra nada y no falta nada. Check It es de las que enganchan desde la primera escucha. Tiene un gancho que no te suelta y unos sintetizadores que hacen exactamente lo que tienen que hacer. De las que vuelves sin darte cuenta. Polo es lo contrario. No es cómoda, no es inmediata, pero cuando le das el tiempo que pide y alcanza ese pico de distorsión entiendes por qué está ahí. Es el momento en que el disco muestra su versión más incómoda y más honesta al mismo tiempo.
I Like Ur Look es donde Kim Petras demuestra que cuando tiene el control, el carisma sale solo. Luego se notan los momentos que no esperas. Jeep suena a folk electrónico y no se parece a nada de lo que había hecho antes. Korea es una balada con una producción que crece sola. Freak It cierra el disco con un beat que cuando rompe es una fiesta sin más. Y atravesando todo el proyecto está la colaboración póstuma de SOPHIE, la productora que amadrinó a Kim Petras en sus inicios y que es parte de lo que este disco representa: volver a donde todo tenía sentido.
El veredicto
Detour no es un disco perfecto. Alguna canción se atasca en el camino y la incomodidad de algunos momentos no es para todo el mundo. Pero eso también lo hace especial. Es un álbum que no intenta gustar a todos, que distorsiona cuando quiere distorsionar y que pone los picos donde le da la gana.
En apenas 36 minutos y 13 canciones, Kim Petras se reubica como una de las mejores popstars del momento. No porque haya cambiado, sino porque por fin está sonando a lo que siempre fue. Es muy recomendable para todo el que quiera un sonido más hyperpop y experimental, con picos muy altos que justifican sobradamente la escucha completa. Kim Petras ya es libre. Y Detour es la prueba.
