Después de The New Abnormal, cualquiera podía pensar que The Strokes volverían a apostar por una fórmula parecida. No habría sorprendido a nadie. Aquel disco les devolvió al centro de la conversación, les dio su primer Grammy y recordó por qué siguen siendo una de las bandas más importantes de este siglo.
Pero si algo ha caracterizado siempre al grupo neoyorquino es su poca intención de acomodarse. Reality Awaits, su séptimo álbum de estudio, no intenta convertirse en una continuación de aquel éxito. Hace justo lo contrario: cambia algunas reglas, asume riesgos y deja claro que The Strokes siguen prefiriendo generar debate antes que repetir una receta que ya saben que funciona.
Con Rick Rubin nuevamente al frente de la producción y después de varios años de trabajo entre Costa Rica y diferentes estudios alrededor del mundo, el disco abre una nueva etapa para una banda que lleva más de dos décadas conviviendo con el peso de su propio legado.
The Strokes: ser únicos está por encima de todo
Ese quizá sea el primer mensaje que transmite el álbum. Desde los adelantos, Going Shopping y Falling Out Of Love, ya se intuía que The Strokes no estaban mirando demasiado hacia atrás. Hay elementos que siguen formando parte de su identidad —las guitarras de Nick Valensi y Albert Hammond Jr., la manera de construir melodías o esa forma tan particular de escribir de Julian Casablancas—, pero el conjunto busca explorar nuevos caminos en lugar de refugiarse en los de siempre.
Después de veinticinco años de carrera, probablemente habría sido mucho más sencillo vivir de la nostalgia. Sin embargo, el grupo parece más interesado en seguir incomodando que en dar exactamente lo que parte del público espera.
El autotune también forma parte de la conversación
Uno de los aspectos que más comentarios ha generado desde la publicación del disco es el uso del autotune.
La voz de Julian Casablancas aparece procesada durante buena parte del álbum, una decisión que puede sorprender a quienes esperaban un sonido más cercano al de sus primeros trabajos. Sin embargo, todo apunta a que no responde únicamente a una cuestión estética.
En Reality Awaits conviven constantemente dos mundos: el más humano y el más artificial. Esa tensión atraviesa buena parte del disco y convierte el tratamiento de la voz en un recurso que acompaña el propio discurso de las canciones.
No es una elección que vaya a convencer a todo el mundo, pero precisamente ahí reside parte de la personalidad del proyecto.

Casablancas sigue escribiendo entre dudas
Las letras vuelven a moverse entre dos extremos. Por un lado aparecen canciones que observan el presente con cierto desencanto, utilizando la ironía para hablar del consumo, la tecnología o la forma en la que vivimos. Por otro, siguen existiendo momentos mucho más íntimos donde Casablancas deja espacio para hablar de relaciones, del paso del tiempo o de esa sensación de no terminar de encontrar nunca un lugar completamente propio.
Lo interesante es que ambas facetas conviven sin imponerse una sobre la otra. El resultado no pretende ofrecer respuestas. Más bien invita a aceptar que muchas veces las contradicciones forman parte de la propia identidad.
Un disco de The Strokes que pide más de una escucha
Quizá el mayor error sea acercarse a Reality Awaits esperando encontrar otro álbum inmediato. No parece un trabajo pensado para conquistar desde el primer minuto. Algunas decisiones desconciertan, otras funcionan mejor conforme avanzan las escuchas y hay canciones que probablemente generen opiniones completamente opuestas dependiendo de quién las escuche.

Eso también dice bastante de The Strokes. Mientras gran parte de la industria busca canciones cada vez más rápidas de consumir, la banda sigue apostando por proyectos que requieren tiempo y paciencia. No porque quieran parecer complicados, sino porque nunca han entendido la música como un producto que deba agotarse en una única escucha.
Resulta curioso que una banda con un legado tan importante siga encontrando la manera de sorprender. Reality Awaits seguramente no será un disco unánime. Habrá quien eche de menos el sonido más clásico del grupo y quien celebre que todavía exista espacio para asumir riesgos dentro de una trayectoria tan consolidada.
Lo que parece difícil discutir es otra cosa: The Strokes siguen sin hacer música pensando únicamente en satisfacer expectativas.
Y quizá esa sea la razón por la que, más de veinte años después de cambiar el rumbo del rock de principios de los 2000, continúan siendo una banda capaz de generar conversación cada vez que publica un nuevo álbum.
