¿Quién iba a pensar que cuatro músicos cruzando una calle durante unos segundos acabarían creando una de las imágenes más reconocibles de la historia de la música? El 8 de agosto de 1969, la portada de Abbey Road cambió de historia. The Beatles salieron de los estudios EMI de Londres, caminaron unos metros y posaron para una fotografía que, en aquel momento, solo tenía que servir para la portada de su próximo álbum.
Se cumplen 57 años de aquella escena. Lo curioso no es solamente que la fotografía de Abbey Road se haya convertido en un icono. Lo realmente interesante es descubrir todo lo que ocurrió alrededor de ella: una portada que originalmente iba a hacerse a miles de kilómetros, seis fotografías, apenas diez minutos de trabajo, un hombre que pasaba por allí sin saber quiénes eran los Beatles, un Volkswagen que terminó alimentando una conspiración y cuatro músicos que, sin pretenderlo, parecían estar caminando hacia el final de una época.
Portada de Abbey Road y el nombre de la mítica cima
La historia podría haber sido completamente distinta. Antes de que Abbey Road fuera Abbey Road, el álbum tenía otro nombre sobre la mesa: Everest. La idea apareció casi por casualidad, relacionada con los cigarrillos Everest que fumaba el ingeniero Geoff Emerick.

El nombre empezó a quedarse en el ambiente del estudio y, durante un tiempo, incluso se planteó viajar hasta el Himalaya para realizar allí la fotografía. El problema era bastante evidente: coger a The Beatles y llevarlos hasta el Everest para hacer una portada no era precisamente el plan más sencillo del mundo.
La solución terminó siendo mucho más cercana. Paul McCartney propuso salir del estudio, caminar hasta el paso de peatones de Abbey Road y hacer allí la fotografía. Nada de grandes viajes, ni una producción gigantesca y sin la necesidad de convertir la portada en una expedición.
Y así nació una de las imágenes más importantes de la música: sustituyendo una idea enorme por algo que tenían literalmente a unos pasos.
Diez minutos, seis fotografías y una calle cualquiera
El viernes 8 de agosto de 1969, el fotógrafo escocés Iain Macmillan recibió un encargo que probablemente no parecía destinado a convertirse en una pieza de la historia de la cultura popular.
A día de hoy, los elementos gráficos van perdiendo credibilidad debido a la llegada de la inteligencia artificial. El algoritmo compite contra lo natural, pero ahí todo era mágico y el tiempo nunca corría en contra.
Tenía aproximadamente diez minutos. Macmillan se subió a una escalera para conseguir el ángulo adecuado mientras un policía detenía momentáneamente el tráfico. Los Beatles solo tenían que hacer una cosa: cruzar.

Una vez. Otra. Y otra. En total, Macmillan realizó seis fotografías. Nada de cientos de intentos. Nada de horas buscando la pose perfecta. Seis disparos bastaron para encontrar la imagen que terminaría en la portada.
La fotografía escogida mostraba a los cuatro músicos caminando prácticamente sincronizados: John Lennon, Ringo Starr, Paul McCartney y George Harrison.
Vista ahora parece una escena estudiadísima. Pero la realidad fue mucho más sencilla. Cuatro personas cruzando una calle y un fotógrafo intentando capturar el momento exacto.
Cuatro Beatles, cuatro formas de vestir
Otro de los detalles que hizo que la imagen adquiriera personalidad fue algo que hoy puede parecer completamente normal: ninguno de los cuatro necesitaba vestir exactamente igual.
Lennon aparece de blanco, con traje y gafas. Ringo viste de negro. Harrison lleva vaqueros y una camisa. Y McCartney aparece con un aspecto mucho más informal.
Y sí, Paul está descalzo. Ese pequeño detalle acabaría alimentando una de las conspiraciones más famosas de la historia de la música. Pero antes de llegar a ella, conviene quedarse con algo: la portada no parece construida para convertir a los cuatro en personajes perfectamente coordinados. Cada uno mantiene su propia imagen.
Y, de alguna manera, eso encaja bastante bien con unos Beatles que estaban atravesando una etapa en la que cada miembro comenzaba a mirar cada vez más hacia su propio lado.

El pie de Paul que acabó enterrándolo
Poco después de la publicación del álbum comenzó a circular una teoría tan absurda como irresistible: Paul McCartney había fallecido en 1966 y había sido sustituido en secreto por un doble.
La portada de Abbey Road se convirtió rápidamente en uno de los grandes argumentos de quienes defendían aquella historia.
La interpretación era prácticamente un guion cinematográfico. Lennon, vestido de blanco, sería el sacerdote. Ringo, vestido de negro, representaría al enterrador. Paul, descalzo, sería el cadáver. Y George, vestido de manera más informal, cerraría aquella especie de cortejo fúnebre.
Incluso la forma en la que caminan fue utilizada como supuesta prueba. Paul lleva adelantado un pie diferente al de los otros tres.
La realidad, sin embargo, era bastante menos misteriosa: Paul simplemente iba descalzo porque hacía calor y le resultaba más cómodo. Pero una vez que una conspiración entra en la cultura popular, detenerla ya es otra historia.

El Volkswagen que también terminó siendo una “pista”
Como si el pie descalzo no fuera suficiente, en el fondo de la fotografía aparece un Volkswagen Beetle blanco. Su matrícula era LMW 281F.
Los seguidores de la teoría encontraron ahí otra supuesta pista. Interpretaron parte de la matrícula como “28 IF”, relacionándolo con la idea de que Paul habría tenido 28 años si estuviera vivo.
El detalle tenía un pequeño problema: cuando se tomó la fotografía, McCartney tenía 27 años. Pero la teoría ya había encontrado combustible suficiente.
Lo divertido es que el coche ni siquiera estaba allí para formar parte de la portada. Simplemente estaba aparcado en la calle. Un elemento completamente cotidiano terminó convirtiéndose en otra pieza del rompecabezas que los fans habían decidido construir.

El hombre del fondo que no sabía que estaba mirando a The Beatles
Entre todos los detalles de la fotografía existe uno especialmente curioso. Al fondo aparece un hombre mirando hacia los Beatles.
Se llamaba Paul Cole, era estadounidense y estaba de visita en Londres. Según contó posteriormente, estaba esperando a su mujer cuando se fijó en aquellos cuatro hombres cruzando la calle. No sabía quiénes eran.
Le llamaron la atención porque le parecieron cuatro tipos haciendo algo extraño en mitad de la calle. Y sin saberlo, acabó apareciendo en una de las fotografías más famosas de la historia de la música.
Es uno de esos pequeños accidentes que hacen que una imagen sea todavía más especial. Cole no estaba contratado. No formaba parte de la sesión. Simplemente estaba allí.

Portada de Abbey Road, sin nombre
Quizá uno de los mayores golpes de genialidad de aquella portada está en algo que no aparece. No pone The Beatles. Tampoco aparece escrito Abbey Road. La imagen habla por sí sola.
El director creativo de Apple Records, John Kosh, decidió que no hacía falta añadir el nombre del grupo. Los Beatles habían alcanzado un nivel de popularidad en el que cuatro figuras cruzando una calle podían ser suficientes para que cualquiera supiera qué estaba viendo.
La decisión fue bastante arriesgada para la época, pero terminó funcionando. Y con el tiempo ocurrió algo todavía más interesante: la imagen dejó de necesitar incluso a los Beatles.
Cuatro personas cruzando un paso de peatones en fila empezaron a significar automáticamente Abbey Road.

Y entonces llegó el detalle que nadie podía saber…
El álbum se publicó el 26 de septiembre de 1969 y terminó convirtiéndose en el último disco que The Beatles grabaron juntos, aunque Let It Be llegaría a las tiendas después, en 1970.
Eso cambia completamente la forma de mirar la fotografía con perspectiva. En 1969 nadie estaba viendo necesariamente una despedida. Simplemente eran cuatro músicos saliendo de los estudios donde habían trabajado durante años.
Pero ahora sabemos que aquella imagen terminó representando, de manera casi accidental, el último tramo de una historia que estaba llegando a su final. Los cuatro caminan en la misma dirección. Se alejan del estudio. No miran hacia atrás. Y lo hacen sobre una calle cualquiera.
La fotografía no necesitaba contar esa historia. Se la hemos añadido nosotros con el paso del tiempo.
Portada de Abbey Road: de paso de peatones a lugar de peregrinación
El éxito del álbum hizo que aquel tramo de Abbey Road dejara de ser una calle cualquiera.
Los fans comenzaron a viajar hasta Londres para repetir la fotografía. Una y otra vez, generación tras generación, miles de personas han cruzado el mismo paso de peatones intentando ocupar durante unos segundos el lugar de Lennon, McCartney, Harrison y Starr.
En 2010, el paso de peatones recibió protección patrimonial de Grade II por su importancia cultural e histórica.
Es bastante curioso pensarlo: una parte completamente normal de una calle londinense terminó protegida por la historia que cuatro músicos escribieron caminando sobre ella durante unos segundos.
La portada de Abbey Road dejó de ser simplemente una portada de The Beatles. Se convirtió en una plantilla.
La han reproducido artistas, marcas, películas, programas de televisión y aficionados de todo el mundo. Red Hot Chili Peppers, Booker T. & the M.G.’s o el propio Paul McCartney han utilizado la composición para crear sus propias versiones o reinterpretaciones.
Eso es lo verdaderamente difícil de conseguir con una imagen: que deje de pertenecer exclusivamente a quien la creó.
No hace falta escribir The Beatles para que cuatro personas cruzando un paso de peatones nos hagan pensar inmediatamente en ellos.

Seis fotografías que terminaron durando 57 años
Quizá lo más bonito de toda esta historia sea precisamente su sencillez. No hubo una montaña ni hubo una producción gigantesca. No hubo una idea que necesitara meses de preparación. Hubo una escalera, un policía, una calle, un fotógrafo y cuatro músicos.
Seis fotografías. Diez minutos. Y una de ellas terminó convirtiéndose en una imagen que lleva 57 años cruzando generaciones.
The Beatles probablemente solo necesitaban una portada para su nuevo álbum. Lo que terminaron creando fue algo mucho más difícil: una imagen capaz de sobrevivir incluso a la música que representaba.
Y quizá por eso, cada vez que alguien cruza Abbey Road imitando aquella fotografía, la historia vuelve a empezar. Cuatro personas, una calle, un paso de peatones y un instante que, 57 años después, todavía no ha terminado de cruzar.
