Los videoclips, vamos a remontarnos unos 10 años atrás. ¿Quién no recuerda sentarse frente al televisor u ordenador ansioso por ver el videoclip de su artista favorito? Si nos paramos a pensar, podemos incluso recordar esa sensación exacta antes de darle play a «Beauty and a beat» de Justin Bieber y Nicki Minaj y quedarnos hipnotizados frente a la pantalla deseando ser la mitad de «cool» que esos jóvenes.
En esos momentos un videoclip no era simplemente el video de nuestra canción favorita; eran imágenes que nos invitaban a soñar y visualizar todo aquello que queríamos.
Hoy toda esa magia parece haberse olvidado. La industria musical está siendo testigo de la progresiva desaparición de lo que un día nos hizo soñar, el videoclip. Esto acompañado de decisiones como la reciente ruptura entre las métricas de YouTube y Billboard. Analizamos por qué la gran escena del videoclip y sus producciones hoy en día se están convirtiendo en una rareza, frente al consumo rápido y con ello las redes sociales.
¿Mendigando el clic?
Sin darnos cuenta hemos perdido la costumbre de ir a YouTube exclusivamente a ver el videoclip de nuestro artista favorito o de nuevos lanzamientos. Pero esto viene de una desconexión del público que los propios artistas de la escena están permitiendo voluntariamente.
Pues resulta revelador cómo las recientes dinámicas a la hora de promocionar nuevos lanzamientos se han convertido en entrevistas, vlogs y contenido de redes sociales.
Como el claro ejemplo de Quevedo, quien se juntó hace poco con el influencer Pablo Vera para pasar un día juntos. Pero aquí entra una acción muy reveladora cuando el propio Quevedo hace una pausa específica para invitar a su público a que consuma los videoclips en las plataformas correspondientes.
Lo mismo ocurrió también hace poco en el canal de Carlota Marañón junto a 8belial, pues el propio artista pide, mirando a la cámara, que vayan a ver sus videos, ya que ambos charlan de la poca costumbre que tienen hoy en día de ir a ver los videoclips de los últimos lanzamientos en YouTube.

El cambio de reglas en las listas de éxito: Billboard vs Youtube
La falta de interés del público no solo ha afectado a la repercusión del artista, también a la industria y lo que la rodea, pues desde el 17 de enero las visualizaciones de YouTube quedaron fuera de la contabilización de las listas oficiales de Billboard en Estados Unidos.
Marcando un cambio muy importante y definitivo en las métricas de popularidad. Esto va más allá, pues el sistema de puntos que utilizaba Billboard para decidir qué canción era la número uno, antes era a través de las visualizaciones en YouTube junto a las escuchas en Spotify.
Sin embargo, al cambiar las reglas, ahora las listas de reproducción le dan mucho más «peso» o valor a un usuario que consuma esa música a través de plataformas de pago (Spotify Premium o Apple Music) que a un usuario que escuche la música de forma gratuita (consumiendo anuncios).
Antes 10 millones de visualizaciones en YouTube te abrían la puerta a ser el número 1 en Billboard. Ahora esos mismos 10 millones de visualizaciones en YouTube no supondrán nada para ser el número 1. Como artista vas a necesitar streams de plataformas de pago.
El fin de los presupuestos millonarios para videoclips
Las discográficas (Sony, Universal, Warner…) eran las empresas, las herramientas de marketing para difundir el material del artista. En la era dorada un sello discográfico invertía hasta 500.000 dólares en hacer un videoclip espectacular con famosos directores como David Fincher (creador de videoclips como «Who is it» de Michael Jackson) porque sabían que esos videos se harían virales en YouTube, acumularían millones de reproducciones, lanzarían la canción al número 1 de Billboard, y eso se traduciría a un gran prestigio, ventas, giras y ganancias económicas. Había un retorno de inversión claro.

Pero… ¿y hoy en día?
Como las reproducciones de YouTube no empujan a las canciones a popularizarse, ese medio millón anteriormente invertido en un video de 4 minutos, las discográficas prefieren invertirlo en pagar 40.000 dólares a un influencer de TikTok para que use la canción, porque saben que el tema se «pegará» en la plataforma y la gente irá a buscarlo a Spotify. Y a esas reproducciones sí le darán el puesto número 1 y el dinero.
Los arquitectos de los cortometrajes visuales
En la década pasada donde el videoclip de un artista se convertía en el evento del mes. Existió un tiempo donde la figura del director influía tanto en la cultura como en el propio artista que ponía la voz. Nombres como Director X definieron la estética de Drake en himnos como Hotline Bling. Estos directores tenían el poder de marcar las tendencias de moda de los próximos años.
El lanzamiento de Kanye West con directores como Spike Jonze se convertía en todo un material de culto. Era muy común revivir la ilusión juvenil dándole al play a visualizar colaboraciones históricas de la cultura pop.
El consumo pasivo de los videoclips contra el presente
Hoy en día el videoclip trascendental y tradicional compite en desventaja contra el scroll infinito y la inmediatez de las plataformas de consumo. Hemos pasado de analizar cada coreografía, referencias ocultas y datos curiosos a un consumo totalmente pasivo.
El video musical es ahora un ruido de fondo estético que acompaña mientras el consumidor hace otras tareas en su pantalla. La intensidad, la profundidad narrativa de los fanáticos ha sido dejada de lado a cambio de una ráfaga visual de no más de 15 segundos, diseñada para ser viral, consumida rápidamente y olvidada al instante.
El videoclip no ha desaparecido de las plataformas, pero sí ha desaparecido de la vista de quienes lo disfrutaban no hace muchos años. La música de gran calidad se sigue produciendo a diario, pero cada vez se ilustra menos. A menos que los algoritmos cambien, los videos musicales se quedarán como algo más pasional de unos pocos artistas que disfruten de su creación.
