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Shinova Concierto
Shinova al conjunto en el concierto de Zaragoza - TrackTreze

Shinova trae la medicina perfecta para un viernes: guitarras, cuerdas, canciones y un Auditorio de Zaragoza convertido en una pista de aterrizaje para saltar por las nubes. El grupo llegaba a la capital aragonesa dentro de la gira de La Tormenta Perfecta, el EP publicado el pasado 8 de mayo, pero terminó encontrando algo más difícil de conseguir: una noche en la que el público y la banda parecieron respirar al mismo ritmo.

Zaragoza tiene algo especial para Shinova. Al menos así lo dejó claro Gabriel de la Rosa, vocalista del grupo, nada más comenzar el concierto. Y no tardó demasiado en demostrarlo el público. El Auditorio estaba a reventar, algo que no resulta sencillo en un recinto de estas dimensiones, y desde los primeros compases quedó claro que aquella noche no estaba hecha para quedarse sentado.

La tormenta empieza entre cuerdas

Si no es contigo, El Álbum y Cartas de Navegación fueron las primeras piezas de un concierto que necesitó apenas tres canciones para encontrar su sitio.

Sobre el escenario, una batería, tres guitarras y un teclado construían la columna vertebral de Shinova. Pero existía otro elemento que cambiaba por completo el paisaje: un cuarteto de cuerda que acompañó al grupo durante buena parte del espectáculo y que aportó una dimensión diferente a las canciones.

Las cuerdas no estaban allí como simple decoración. Entraban, salían, crecían y daban otra vida a determinados momentos. Cuando el repertorio pedía fuerza, la banda la encontraba. Cuando necesitaba respirar, el cuarteto sabía dejar espacio.

Y ahí estaba una de las grandes virtudes del concierto: la tormenta no siempre tuvo que sonar fuerte para sentirse.

Shinova en Zaragoza
Cuarteto de cuerdas de Shinova en Zaragoza – TrackTreze

Shinova en Zaragoza recuerda que los mejores momentos están por llegar

La parte central del concierto puso el foco en El Presente, uno de los trabajos más importantes de la etapa reciente de Shinova, publicado en 2024.

No Cambiaría Nada, Gigantes, Volver, Alas, Gloria, Los días que vendrán y Movimiento fueron apareciendo sobre el escenario mientras el Auditorio iba aumentando progresivamente la temperatura. Cada canción parecía levantar un poco más el techo.

Y entonces llegó una de esas frases que, escuchadas en el momento adecuado, adquieren otro significado: “Los mejores momentos están por llegar”. Shinova todavía tenía guardado lo que probablemente fue uno de los tramos más intensos de la noche.

Shinova en Zaragoza
Gabriel De la Rosa cantando ante el Auditorio de Zaragoza – TrackTreze

Cuando las canciones siguen vivas

Berlín, Todo Gira y Vuelve, Lo que podría salvarnos y El Día que murieron las canciones llevaron el concierto hacia otro lugar.

Especialmente esta última. El Auditorio de Zaragoza la convirtió prácticamente en un grito colectivo. Porque las canciones, pese a todo, siguen vivas.

Y esa idea tomó todavía más fuerza en una época en la que la música cambia de forma constantemente, con nuevas herramientas y con una inteligencia artificial que ya forma parte de la conversación sobre cómo se crea, se produce y se consume música. Cuidar las canciones también significa cuidar aquello que las hace humanas.

Durante unos minutos, el Auditorio recordó algo que ningún algoritmo puede medir del todo: una sala llena de personas cantando exactamente lo mismo, al mismo tiempo, porque una canción significa algo diferente para cada una de ellas. Eso también es música.

Shinova Auditorio
Guitarrista de la banda Shinova en Zaragoza – TrackTreze

Una última canción que Zaragoza estaba esperando

El último tramo fue directo. Sin demasiados rodeos. Tiempo, Qué Casualidad, La Sonrisa Intacta, Antes de que todo acabe y Mirlo Blanco fueron preparando el terreno para el último golpe.

Y entonces llegó “Te Debo Una Canción”. La elección tenía algo de círculo cerrado. Shinova había llegado a Zaragoza con canciones nuevas, con una propuesta renovada y con un cuarteto de cuerda que había convertido el escenario en algo distinto. Pero al final, la última palabra tenía que ser para una canción que sonaba a agradecimiento. Porque sí: Shinova le debía una última canción a los mañicos. Y Zaragoza se la cobró cantándola.

Auditorio de Zaragoza
Auditorio de Zaragoza en el concierto de Shinova – TrackTreze

Shinova en Zaragoza: saltar también es una forma de celebrar

El viernes terminó con el público saltando desde sus butacas como si el Auditorio pudiera despegar. No era simplemente energía: era felicidad con forma de salto.

Shinova consiguió que un recinto difícil de llenar presentara una imagen contundente: lleno, ruidoso y entregado. Una banda que lleva años girando encontró en Zaragoza una noche más de su camino, pero el público consiguió convertirla en algo propio.

Esa es la verdadera Tormenta Perfecta: no la que cae sobre una ciudad, sino la que se forma cuando una banda sabe qué quiere contar y una sala entera decide cantarlo con ella. Shinova vino a Zaragoza para seguir presentando su nueva etapa. Y acabó demostrando que todavía existen noches en las que la música consigue hacer algo tan sencillo y tan complicado como levantar a todo un Auditorio de sus butacas.

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