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Rayo de J Balvin
J Balvin en una colaboración con Revo - Fuente: Instagram ( @wwd )

¿Qué pasa cuando consigues todo aquello que soñabas y, aun así, empiezas a echar de menos quién eras antes de conseguirlo? Quizá esa sea una de las mejores preguntas para entender Rayo de J Balvin.

El 9 de agosto de 2024, el artista colombiano publicó su sexto álbum de estudio después de varios años en los que su figura había crecido hasta convertirse en algo mucho más grande que la propia música. Dos años después, el disco se escucha de otra manera. Ya no parece simplemente otro lanzamiento de una superestrella: parece el momento en el que José decidió volver a mirar hacia el espejo. Porque J Balvin nunca se fue. Pero quizá sí necesitaba volver.

Cuando ser J Balvin empezó a pesar

Después de Colores, publicado en 2020, la carrera de Balvin entró en una etapa diferente. Seguía siendo una de las mayores figuras de la música urbana mundial, pero aquella sensación de espontaneidad que había acompañado su ascenso parecía cada vez más difícil de encontrar.

José, sus colaboraciones, la moda, las redes, las campañas, los escenarios internacionales y todo lo que rodeaba a su figura terminaron construyendo algo enorme. El problema de convertirse en un fenómeno es que, en algún momento, el fenómeno empieza a caminar por delante de la persona.

Balvin ya no era solamente el artista de Ginza, Mi Gente, Qué Pretendes o Rojo. Era una marca, una estética, una personalidad y una referencia mundial del reguetón.

Y existe una contradicción bastante humana en todo eso: cuanto más conocido te vuelves, más difícil puede resultar volver a reconocerte.

Había ayudado a llevar el reggaetón colombiano a lugares donde antes ni siquiera tenía espacio. Había convertido canciones en fenómenos globales y había conseguido que Medellín pasara a formar parte del imaginario mundial del género.

No necesitaba otro Mi Gente para justificar su sitio. Necesitaba algo bastante más complicado: volver a disfrutar del camino. Rayo no supone una reinvención radical. Y precisamente por eso funciona. Recupera cierta ligereza, esa capacidad de hacer canciones sin que cada movimiento tenga que sentirse como un acontecimiento mundial. Como si Balvin hubiera decidido quitarse durante un rato el traje de superestrella.

Rayo de J Balvin
J Balvin para la grabación de “Morado” – Fuente: Instagram ( @jbalvin )

El “Rayo” de J Balvin no pide permiso

Hasta el propio título tiene algo que decir. Un rayo aparece, ilumina el cielo durante un instante y desaparece. No avisa y no necesita explicar su existencia.

Rayo tiene algo de esa filosofía: canciones directas, diferentes registros, colaboraciones constantes y una energía que recuerda al Balvin más despreocupado.

El álbum reúne 15 canciones y cerca de 45 minutos de música, acompañado por nombres como Feid, Saiko, Quevedo, Bad Gyal, Ryan Castro, Blessd, Dei V, Omar Courtz, Chencho Corleone o Carín León.

Pero más que una lista de invitados, el disco construye una fotografía de dónde estaba el urbano en aquel momento. Y J Balvin decidió hacerse esa fotografía rodeado de quienes venían detrás.

El artista que abrió la puerta ahora comparte habitación

Una de las cosas más bonitas de Rayo es precisamente su dimensión generacional. Feid, Saiko, Quevedo, Ryan Castro, Blessd u Omar Courtz pertenecen a una generación que creció escuchando a J Balvin. Algunos de ellos habían convertido aquellas referencias en su propio punto de partida. Ahora estaban compartiendo canciones con él.

La colaboración con Feid tiene especialmente ese componente. Dos generaciones de Medellín ocupando el mismo espacio sin necesidad de hablar de relevos ni coronas. J Balvin ayudó a abrir una puerta. Ahora puede permitirse quedarse dentro mientras otros artistas pasan por ella. Y eso también es una forma de legado.

Cuando alguien dice que echaba de menos al J Balvin de aquella época, quizá no está diciendo necesariamente que Vibras o Colores fueran mejores discos. Está diciendo que echaba de menos cómo se sentía escuchar a J Balvin.

La nostalgia no era por sus canciones

Para mucha gente, aquella música pertenece a una época concreta: el crecimiento del reggaetón a escala mundial, los primeros años de una cultura urbana completamente dominada por Instagram, las canciones que sonaban en todas partes y una generación que veía cómo la música en español dejaba de pedir permiso para ocupar espacios internacionales. La nostalgia no siempre apunta a una canción, a veces apunta a quién eras tú cuando esa canción sonaba. Y Rayo de J Balvin entendió bastante bien esa diferencia. Balvin no volvió. Volvió una parte de Balvin.

Por eso no convence demasiado hablar de Rayo como “el regreso de J Balvin”. Porque nunca se había ido. Seguía llenando escenarios, colaborando con grandes artistas y siendo una de las figuras más importantes de la música latina. Lo que regresó fue otra cosa. El J Balvin que parecía hacer música porque quería hacer música.

El que podía compartir un tema con una generación más joven sin intentar competir con ella. El que podía recuperar sonidos conocidos sin convertirlos en una copia de su pasado. Y por eso Rayo llegó en el momento adecuado. No porque J Balvin necesitara volver a ser grande. Necesitaba volver a sentirse suyo.

Rayo de J Balvin
Tracklist de “Rayo”, uno de los álbumes de J Balvin – Fuente: Instagram ( @jbalvin )

Dos años después, el rayo sigue iluminando otra etapa

El tiempo permite mirar Rayo con algo más de distancia. En agosto de 2024 podía parecer simplemente un nuevo álbum de J Balvin. Hoy se entiende mejor como una pieza de transición. Entre el artista que había conquistado el mundo y el que todavía estaba descubriendo qué quería hacer después. Entre la nostalgia y el futuro. Entre el J Balvin que todos conocían y José.

Por eso el disco tiene ese punto especial. No intenta recuperar exactamente el pasado, sino recuperar algo que se había quedado allí: la sensación de hacer música sin tener que demostrar nada. Dos años después, Rayo no parece tanto un regreso como una reconciliación. Y probablemente eso era lo que J Balvin necesitaba. No volver a ser el de antes, volver a reconocerse en el de ahora.

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